sábado, 20 de febrero de 2021

UN INNCONTRO CON IL PIACERE. LA MASTURBAZIONE FEMMINILE

UN INCONTRO CON IL PIACERE. LA MASTURBAZIONE FEMMINILE


 

  Il tema della masturbazione femminile impaurisce molto le donne (e probabilmente la società in generale). Forse per tale motivo si parla tanto poco di essa che sembra quasi non esistesse. Questa è la ragione per la quale sappiamo così poco di essa. E quel poco che crediamo di conoscere è basato più su fantasie ed errori che su realtà.

    I lettori e le lettrici si sono chiesti ancora perché le donne non parlano mai della masturbazione femminile? Si sono chiesti perché quando esse ne parlano sono meno dirette ed usano più circonlocuzioni e perifrasi di quando si riferiscono alla masturbazione maschile? Perché tante negano di masturbarsi quando viene chiesto loro direttamente? Hanno notato la scarsa presenza dell’autoerotismo femminile nei mezzi di comunicazione, nella letteratura, nel teatro, nella cinematografia e in televisione paragonato all’autoerotismo maschile? I lettori e le lettrici credono che alle donne sia davvero difficile scoprire la masturbazione a causa della configurazione anatomica dei loro genitali? Credono che le donne scoprano tardivamente l’autoerotismo? Credono che questa attività non le attragga a causa della lentezza della loro risposta sessuale? Credono veramente che esse scoprano la masturbazione solo dopo essere state iniziate sessualmente dai maschi? Credono che la masturbazione sia meno frequente tra le donne che tra gli uomini? Credono davvero che la masturbazione femminile scompaia quando la donna inizia una vita sessuale attiva? Credono che una donna con una grande attività sessuale mantenga una scarsa frequenza autoerotica? Credono che la masturbazione nelle donne sposate appaia quando il trascorrere del tempo introduce la noia nella sua vita coniugale? I lettori e le lettrici conoscono qual è la probabilità che una donna che ha un partner continui a masturbarsi? Pensano che l’autoerotismo allontani le donne dagli uomini (o dalle loro partner femminili) e dai loro desideri di copulare? Conoscono i lettori e le lettrici qual è la principale e la più frequente fonte di orgasmi fra le donne? Credono che per una donna sia tanto normale masturbarsi quanto non farlo? Credono che l’assenza di masturbazione sia un segno di maturità psicologica nella donna?

    In questo libro i lettori e le lettrici troveranno le risposte. E una buona parte di tali risposte li sorprenderà, poiché tra l’85% e il 93% di tutte le donne si masturba (tra il 91% e il 99% se si considerano solo coloro che sono orgasmiche, le quali sono il 90% delle donne); la probabilità che una donna con partner continui a masturbarsi è tra il 90% e il 96%; le donne che copulano di più sono anche coloro che si masturbano di più; le donne si masturbano dai 6-7 anni fino alla vecchiaia; la masturbazione è il metodo più efficace per la donna di raggiungere l’acme, ragione per la quale è la sua principale e più costante fonte di orgasmi (l’80% degli orgasmi delle donne più attive sessualmente proviene dall’autoerotismo)... . E l’attitudine più importante di tutte: per questo motivo non cessano di desiderare di avere rapporti sessuali con i loro partner.

    Per tutti questi motivi, la nostra società non vuole accettare che la masturbazione sia un’attività sessuale che si estende potenzialmente a tutta la popolazione femminile orgasmica, fino al limite da affermare che una donna orgasmica è praticamente sinonimo di dire che si masturba. Questo è il motivo per cui la società escogita tutti i tipi di strategie intimidatorie per impedire che la sua realtà emerga.

    Bisogna rompere il silenzio che incombe sulla masturbazione femminile per sopprimere finalmente la sofferenza inutile che esso genera. E questo libro offre un compendio di dati che consente tale frattura. La compie in modo elegante e fermamente sostenuto dalla realtà fornita dalla ricerca sessuologica.   

    Traduzione in italiano della versione originale in spagnolo di Piergiorgio Pasotti, Medico MD

   Si vuoi saperne di più, puoi acquistarlo a questo link.




sábado, 19 de septiembre de 2020

¿DÓNDE ESTÁN LOS HOMBRES? Los grandes olvidados de la Reproducción Asistida

 

¿DÓNDE ESTÁN LOS HOMBRES? Los grandes olvidados de la Reproducción Asistida


Pocos saben lo que sienten los hombres cuando han de aportar semen por alguna situación clínica porque nadie habla de ello. La frase "es lo único que tienen que hacer" cierra toda opción para el diálogo. 

Así, los hombres se encuentran en una situación en la que nadie les escucha. Por esa razón, ellos no saben si son los únicos en sentir lo que sienten; y sus mujeres y el sistema sanitario, desconocen el verdadero alcance de esos sentimientos.

Y sin embargo, todos los hombres coinciden en considerar el actual procedimiento como innecesariamente público y sórdido.

Este libro da voz a esos hombres. En él, ellos podrán verse reflejados en sus sentimientos y conocer la extensión de los mismos. Sus mujeres comprenderán sus reticencias con una mayor empatía. La población general dejará de contemplar sus cuitas con la irónica indiferencia con la que lo hace. Y el mundo sanitario conocerá el tipo de agresión psicológica que les ocasionan y comprenderán la naturaleza de las reticencias de estos hombres a hacerse la prueba.

Este libro aporta, igualmente, algunas posibles soluciones, fáciles de implementar, que aliviaría el sufrimiento de esos hombres.

Sólo puede adquirirse en Amazon desde este enlace.

miércoles, 29 de julio de 2020

UN NUEVO LIBRO

EL ESPEJO DE GISELA

Incluyo aquí el enlace de Amazon donde se puede adquirir mi novela corta "El espejo de Gisela", basada en la leyenda de la reconquista de Cáceres en el siglo XIII.
No se podrá dejar de leer aunque se crea conocer el final.
Difúndala entre sus amistades, si le place, por favor.


lunes, 11 de noviembre de 2019

RESPÉTESE MEJOR LA INTIMIDAD DE LOS PACIENTES (III). Un caso particular



En numerosas exploraciones radiológicas los pacientes han de mostrar mucho o poco de su intimidad en forma de desnudez. Y la obligación deontológica de todo/a profesional de la radiología, de cualquier nivel, expresada en los manuales de la especialidad1, es evitar la desnudez que resulte innecesaria. Por eso, debe proveerse a los pacientes que han de desnudar alguna parte del cuerpo de un camisón radiotransparente que proteja su intimidad. Algo que, sin embargo, no siempre se hace en la actividad  cotidiana de un servicio público de radiología (y con sesgo de género en algunos lugares, donde no suele proveerse de ese camisón a los hombres para hacer radiografías de tórax, por ejemplo, aunque sí se hace con las mujeres; ni tampoco se les ofrece para las radiografías de abdomen o cadera que requieren descubrir ambas zonas retirando o bajando los pantalones dejando, así, al descubierto, la ropa interior).
Esta forma de actuar no se hace por ignorancia del deber de evitar la desnudez innecesaria, sino por influencias culturales que hace pensar, prejuiciosamente, que los hombres no sienten pudor, con lo que se actúa como si realmente no precisaran que su intimidad sea protegida y respetada, ni tengan derecho a ello2.
Un caso particular, en el caso de los varones, lo ofrece la ecografía escrotal, donde el sujeto es requerido a desnudarse de cintura para abajo. Y una vez así desnudo, se le pide que retire su pene de la región a explorar posicionándolo sobre el vientre con una mano, en dirección proximal o craneal; o no se le dice nada si su posición espontánea no entorpece la exploración. Todo ello con independencia de que se sitúe bajo el escroto una toalla, o no, para exponer más eficazmente los testículos a la exploración (no suele ser necesario)3. En tal situación, raramente se ofrece a los sujetos algo que les cubra su cuerpo para realizar esta exploración.
Es obvio que para explorar el escroto, este ha de ser expuesto necesariamente, guste o no guste, pues es el campo de trabajo y ha de permitirse a quien explora que realice su tarea. Pero acostumbrados a actuar así cotidianamente, estos profesionales (de ambos sexos) no han caído en la cuenta de que si bien la desnudez del escroto es inevitable para la exploración, la del pene es completamente innecesaria (no es necesario verlo para explorar ecográficamente los testículos) y, por tanto, ha de evitarse como señalan todos los manuales sanitarios relacionados con el tema, sea cual sea su categoría1. Y es que se olvida con frecuencia que el respeto a la intimidad del paciente no consiste sólo en evitar que terceras personas contemplen tales desnudeces (de ahí los biombos separadores), sino que es el propio explorador (de ambos sexos) quien tampoco ha de ver más allá de lo que sea estrictamente necesario. Sin embargo, eso no es algo que se haga en la práctica habitual, lo que resulta deontológicamente reprochable4… Además de ser ilegal, pues existe todo un cuerpo legislativo en nuestro país que protege la intimidad del paciente (Artículo 18.1 de la Constitución Española [BOE número 311 de 29 de diciembre de 1978], Artículo10.1de la Ley General de Sanidad [Ley 14/1986, de 25 de abril, BOE número 102], preámbulo de la Ley de Autonomía del paciente [Ley 41/2002, de 14 de noviembre, BOE número 274], Artículo 1.3 de la Ley Orgánica 1/1982, de 5 de mayo de protección civil del derecho al honor, a la intimidad personal y familiar y a la propia imagen [BOE número 115 de 14 de mayo de 1982], y el punto 4.1 de la Orden SSI/81/2017, de 19 de enero, por la que se determinan las pautas básicas destinadas a asegurar y proteger el derecho a la intimidad del paciente, por parte de los alumnos y médicos Residentes en Ciencias de la Salud [BOE número 31 de 6 de febrero de 2017]). Siendo su incumplimiento sancionado por el Artículo 199.2 del actual Código Penal (Título X, Capítulo I)5. Que se desnuda innecesariamente, es algo universalmente reconocido por el personal de enfermería6.
Para evitar la desnudez innecesaria del pene en la ecografía escrotal, habría que evitar que el sujeto tenga que desnudarse a la vista de quien explora y de su asistente. Y para ello bastaría con proveer de un camisón, de los habituales en los Servicios de Radiología, para que el sujeto se cubra antes de desnudarse de cintura para abajo, si lo hace en presencia del personal sanitario. O que se lo coloque después de desnudarse, si lo hace tras un biombo. Después de acostarse sobre la mesa de exploración, el sujeto sólo tendrá que subir el borde inferior del camisón lo justo como para descubrir el escroto, manteniendo el pene oculto bajo el mismo en la posición craneal que se le indica. Evitándose, así, su desnudez innecesaria.
Pero si la práctica común es acostar al sujeto en la mesa de exploración y solicitarle que se baje los pantalones y la ropa interior en presencia del personal sanitario que le atiende, puede hacerlo como se le solicita, pero protegiendo sus genitales con una toalla o un protector absorbente. Con ello se evita dejarlos inicialmente expuestos a la vista de quien explora y de su ayudante (que generalmente es una mujer). Tras desnudarse de ese modo, bajo cubierto, le bastará descubrir después el escroto y mantener oculto su pene sujetándolo con una mano en la posición craneal señalada, pero bajo el paño suministrado. Así, también se protege la desnudez innecesaria del pene.
Son cambios que no cuesta mucho hacer y permiten incluir esta actividad exploratoria en el proceso de Humanización de la Medicina que exige respetar la intimidad del paciente.

REFERENCIAS.
1Angulo Pérez J, González Rico J, Jiménez Gálvez F: Técnicas prácticas de radiología. Editorial Vértice. Málaga. 2010
2Meerabeau L: Husbands' participation in fertility treatment: they also serve who only stand and wait. Sociol Health Illn, 1991; 13 3: 396-410
3Rodríguez-Patrón Rodríguez R, Mayayo Dehesa T, Lennie Zuccarino A, Sanz Mayayo E, Arias Fúnez F, García Navas R: Ecografía testicular. Arch Esp Urol. 2006; 59(4): 441-54
4Hevia  J, Bosch  E, Moënne K, García C: Deber ético del radiólogo: Confidencialidad y secreto médico, respeto a la intimidad y dignidad del paciente. Rev Chil Radiol 2018; 24(1): 2-4
5Agencia Estatal Boletín Oficial del Estado: Código penal y legislación complementaria. BOE, Última Actualización del 14 de diciembre de 2017. [consultado el 01/03/2019]. Disponible en: https://boe.es/legislacion/codigos/codigo.php?id=038_Codigo_Penal_y_legislacion_complementaria&modo=1
6López Espuela F, Moreno Monforte ME, Pulido Maestre ML, Rodríguez Ramos M, Bermejo Serradilla B, Grande Gutiérrez J: La intimidad de los pacientes percibida por los profesionales de Enfermería. NURE Inv. [Revista en Internet] 2010 May-Jun. [acceso 11/11/2019]; 7(46).
Disponible en:  
http://www.fuden.es/FICHEROS_ADMINISTRADOR/ORIGINAL/orig_intimidad_46.pdf

jueves, 10 de octubre de 2019

RESPÉTESE MEJOR LA INTIMIDAD DE LOS PACIENTES (II)


Preservar la intimidad de los enfermos es uno de los aspectos más descuidados por el sistema sanitario en su actividad cotidiana, pese a ser un indicador de calidad y formar parte del proceso de humanización de la Medicina en el que actualmente estamos inmersos. Existe una gran distancia entre lo que se dice (¡la preservación de la intimidad del paciente ante todo!) y lo que se realiza en la práctica (olvido cotidiano del respeto de esa intimidad)1,2.
Es algo que ocurre, pese a las recomendaciones de todos los manuales profesionales de cualquier categoría sanitaria, a pesar de los requerimientos de los diferentes códigos deontológicos, y en contra de las actuales exigencias legislativas sobre su protección (Artículo 18.1 de la Constitución Española [BOE número 311 de 29 de diciembre de 1978], Artículo10.1de la Ley General de Sanidad [Ley 14/1986, de 25 de abril, BOE número 102], preámbulo de la Ley de Autonomía del paciente [Ley 41/2002, de 14 de noviembre, BOE número 274], Artículo 1.3 de la Ley Orgánica 1/1982, de 5 de mayo de protección civil del derecho al honor, a la intimidad personal y familiar y a la propia imagen [BOE número 115 de 14 de mayo de 1982], y el punto 4.1 de la Orden SSI/81/2017, de 19 de enero, por la que se determinan las pautas básicas destinadas a asegurar y proteger el derecho a la intimidad del paciente, por parte de los alumnos y médicos Residentes en Ciencias de la Salud [BOE número 31 de 6 de febrero de 2017]). Siendo sancionado su incumplimiento por el Artículo 199.2 del actual Código Penal (Título X, Capítulo I)3.
Se desnuda innecesariamente a los enfermos2, no se impide que una visita inoportuna al despacho contemple la desnudez de un paciente que esté siendo explorado4, no se cubren debidamente los cuerpos desnudos en exploraciones radiológicas que exigen quitarse la ropa, se exponen innecesariamente los genitales de los pacientes en los quirófanos, no se cubre el pene, por ejemplo, en las ecografías escrotales, etc.
Y aunque es un hecho que afecta a enfermos de cualquier sexo, existe una cierta tendencia de género; en el sentido de que se tiene una mayor sensibilidad hacia la protección de la intimidad femenina que de la masculina. Quien esto suscribe, y estoy seguro que muchos lectores, tiene experiencia en ese sentido; tanto personal como ajena.
Existe la creencia de que los hombres son menos pudorosos que las mujeres y que, por tanto, es menos necesario salvaguardar su intimidad; con lo que se tiende a descuidar este aspecto del trato con el enfermo varón. Cuando lo cierto es que el tipo de socialización recibida por los varones les impide percibir y expresar su malestar en estos contextos; verbalizándolo bastante menos que las mujeres5. Pese a lo cual, las personas que trabajan en el sistema sanitario actúan como si fuera cierta esa falta de pudor y como si los hombres no merecieran el mismo respeto por su intimidad que las mujeres. Sin embargo, tanto los hombres, como las mujeres, prefieren que las exploraciones íntimas les sean practicadas por sanitarios de su mismo sexo6. Una cosa que no siempre es posible hacer, y que la imparable feminización de la Medicina hará cada vez más improbable que suceda para los hombres.
Hasta no hace mucho, la situación estaba más o menos compensada porque, aunque los médicos eran mayoritariamente varones, las enfermeras, eran, y son, mayoritariamente mujeres. La vergüenza del paciente que iba a ser explorado estaba equilibrada por sexos, pues siempre estaba presente personal del propio sexo, en tales exámenes (con sus excepciones); así como la salvaguarda de su intimidad.
Pero esta situación está cambiando con la feminización de la Medicina. Cada día es más probable que en tales exploraciones sólo esté presente personal femenino. Lo que las hace especialmente penosas para los pacientes varones. Sobre todo si se tiene en cuenta la menor sensibilidad del personal femenino hacia el respeto de la intimidad del enfermo varón7; por creer, repito, que éste tiene menos pudor y requiere un menor cuidado de la misma. Como si las leyes de protección de la intimidad no cubrieran a todos los ciudadanos con independencia de su edad, sexo, raza, creencias, etc…
Por eso es necesario que los sanitarios cambien de actitud para atender más adecuadamente a sus pacientes. Hay que retirar de los manuales y de la mente de los sanitarios la idea de que hay que evitar la desnudez innecesaria (por ejemplo) “sobre todo si el paciente es mujer”. Pues eso era válido cuando los médicos eran mayoritariamente hombres; pero esa idea no es válida la actualidad ni lo será en el inmediato futuro. Los hombres también tienen pudor, su intimidad también merece respeto y protección, y cada vez estará más expuesta ante el personal sanitario femenino, por las razones antes expuestas. Preservar la intimidad es un derecho legal para los pacientes, y una obligación para todos los sanitarios. No puede haber dudas al respecto.
El personal sanitario femenino (y el masculino) debe cambiar su mentalidad para modificar su actitud. Si actualmente no actúan con la corrección debida en esa protección de la intimidad de los pacientes2, las perspectivas futuras, sobre todo para el paciente varón, son ciertamente sombrías. Pues transmitirán esas actitudes los médicos en formación especializada, enraizando una costumbre que está costando erradicar.
Pero ese cambio no ocurrirá espontáneamente, habrá que trabajarlo..., y mucho. Pues, lejos de lo que se piensa, las mujeres sanitarias no son tan empáticas como se cree; por lo que no es factible que adopten una actitud más positiva en la protección de la intimidad de sus pacientes varones de un modo espontáneo. Es cierto que las mujeres de la población general son más empáticas que los hombres (en líneas generales); lo que nos permitiría esperar que se diera ese cambio de actitud de un modo automático o, incluso, que no fuera necesario porque ya se da. Pero los datos impiden ser tan optimistas. Se ha comprobado que las mujeres médicos, no son más empáticas que sus colegas masculinos8. La diferencia que se encuentra en la población general, se iguala durante el estudio de la carrera; semejanza que se afianza durante la especialización, y se consolida con el ejercicio de la profesión9. Y lo mismo sucede con las enfermeras2,10.
El personal sanitario femenino (y también el masculino), habrá de cambiar su mentalidad para proteger la intimidad de los varones con el mismo empeño aplicado a sus pacientes femeninas. Cosa para la que será necesario hacer un fuerte ejercicio pedagógico. Y las sugerencias de protección por parte de los pacientes (hombres y mujeres) a sus médicos, enfermeras y técnicos, contribuirá a ese cambio. Si un paciente ha de bajarse los pantalones para hacerse una radiografía de cadera, o desnudar el torso, para una de tórax, por ejemplo, puede pedirle antes a la persona que le explore que le dé algo que le cubra, si no se lo ofrece espontáneamente. Si ante una ecografía escrotal, se le pide que se baje los pantalones y la ropa interior (dejando al descubierto el escroto, como es lógico, e, innecesariamente, el pene) sin que se le ofrezca nada para taparse, puede solicitar algo que le cubra para realizar la acción sin exponer innecesariamente el pene y permitirle esconderlo durante la exploración. O algo tan anodino como la exploración de una rodilla, que exija bajarse los pantalones para verla, también se puede solicitar algo para cubrir la zona pélvica antes de hacerlo, pues los exploradores han de tener la zona a explorar expedita para poder verla y manipularla, pero es innecesario que vean el tipo de ropa interior que lleva el paciente y su color.
Y, así, si además de la necesaria pedagogía realizada sobre estos profesionales por las instituciones, todos los pacientes hagan ese requerimiento (al que los sanitarios no pueden negarse), se conseguirá, poco a poco, cambiar las actitudes en la dirección marcada por este artículo.


REFERENCIAS.
1van Empel IWH, Dancet EAF, Koolman XHE, Nelen WLDM, Stolk EA, Sermeus W, D’Hooghe TM, Kremer JAM: Physicians underestimate the importance of patient-centredness to patients: a discrete choice experiment in fertility care. Hum Reprod, 2011; 263: 584-593
2López F, Moreno ME, Pulido ML, Rodríguez M, Bermejo B, Grande J: La intimidad de los pacientes percibida por los profesionales de Enfermería. NURE Inv. [Revista en Internet] 2010 May-Jun. 7(46). [consultado el 01/03/2019]. Disponible en: http://www.nureinvestigacion.es/OJS/index.php/nure/article/viewFile/488/477
3Agencia Estatal Boletín Oficial del Estado: Código penal y legislación complementaria. BOE, Última Actualización del 14 de diciembre de 2017. [consultado el 01/03/2019]. Disponible en: https://boe.es/legislacion/codigos/codigo.php?id=038_Codigo_Penal_y_legislacion_complementaria&modo=1
4Ramos Brieva JA: Respetar la intimidad del paciente: una estrategia de pequeños pasos. J Healthc Qual Res. 2018; 33(5):305-306
5Ramos Brieva J: Un encuentro con el placer. La masturbación femenina. Espasa-Calpe. Madrid. 2002
6Consedine NS, Reddig MK, Ladwig I, Broadbent EA: Gender and Ethnic Differences in Colorectal Cancer Screening Embarrassment and Physician Gender Preferences. Oncol Nurs Forum. 2011; 38(6): E409-E417
7Meerabeau L: Husbands' participation in fertility treatment: they also serve who only stand and wait. Sociol Health Illn, 1991; 13 3: 396-410
8Hojat MGonnella JSNasca TJMangione SVergare MMagee M: Physician empathy: definition, components, measurement, and relationship to gender and specialty. Am J Psychiatry. 2002; 159(9): 1563-1569
9Kay J: Traumatic deidealization and the future of medicine. JAMA. 1990; 263(4): 572–573
10Yuguero O, Ramon Marsal J, Esquerda M, Vivanco L, Soler-González J: Association between low empathy and high burnout among primary care physicians and nurses in Lleida, Spain. Eur J Gen Pract. 2017; 23(1): 4-10

martes, 26 de febrero de 2019

RESPÉTESE MEJOR LA INTIMIDAD DE LOS PACIENTES (I)



Nuestro sistema sanitario público tiene un nivel bastante alto, y muy pocos usuarios dudan de la pericia de sus médicos, de la profesionalidad de sus enfermeras, o de los medios puestos a su disposición1. Pese a ello, nuestro sistema parece haber perdido el tren de la satisfacción del paciente1, porque se ocupa muy poco de proteger y respetar su intimidad.
Balint introdujo en 1969 el concepto de “Medicina Centrada en el Paciente (MCP)”2 reivindicando centrar el esfuerzo sanitario en la persona e individualizando su atención. La MCP considera tan importante la pericia en el tratamiento de los pacientes, como la protección de su intimidad, su dignidad y su derecho a la información1,3. Pese a que tal tipo de cuidados se recogen en la legislación actual, en nuestro medio apenas están implantadas1.
En base a esas ideas, en 1984 se introdujo en España el Plan de Humanización de la Asistencia Hospitalaria, que recoge, entre otras cosas, la necesidad de respetar la intimidad del paciente4. Cosa que, poco después, impuso el legislador, como un derecho de los pacientes y un deber de obligado cumplimiento para los sanitarios, en la Ley General de Sanidad de 1986 (Ley 14/1986, de 25 de abril, BOE número 102) y la Ley de Autonomía del paciente del 2002 (Ley 41/2002, de 14 de noviembre, BOE número 274), así como en la más reciente Orden SSI/81/2017, de 19 de enero (BOE número 31, de 6 de febrero de 2017), que asegura y protege el derecho a la intimidad del paciente por los alumnos y médicos residentes.
La humanización de la Medicina es, hoy, una parte fundamental de la calidad del servicio que se presta a los pacientes. Y humanizar es mucho más que ser corteses, bastante más que disponer espacios libres donde hablar tranquilamente, más aún que ser amables con pacientes y familiares e informarles con sencillez5, o proteger sus datos. Humanizar tiene un significado mucho más profundo, conlleva numerosas implicaciones, y se expresa en pequeños detalles.
Todo aquello que incida en aminorar la satisfacción del paciente genera, sin duda, una menor percepción de la calidad asistencial percibida. Y, repito, en España estamos perdiendo el tren de la satisfacción del paciente1. Porque, entre otras cosas, no se protege su intimidad como es debido.
Y hacerlo  no precisa de grandes inversiones, basta con cambiar algunas actitudes del personal (facultativos, enfermería y otros profesionales sanitarios). Son acciones, muy habituales, que debemos cuidar y no se hace.
Las enfermeras, y sus auxiliares, son el personal sanitario que mantiene un contacto más cotidiano con los enfermos. Por eso sus actitudes y comportamientos influyen también, y de un modo notable, en la percepción de la calidad asistencial percibida, con independencia de su pericia profesional. Y en lo que respecta al respeto de la intimidad del paciente, queda mucho por recorrer en este sector.

La desnudez forma parte de la intimidad de las personas; y las enfermeras reconocen que desnudan innecesariamente6, cuando todos sus manuales inciden expresamente en que hay que evitarlo. Y lo hacen pese a que el personal de enfermería considera el respeto a la intimidad del paciente como algo imprescindible para su buena atención7. Pero sólo lo admiten de una forma teórica, porque su aplicación práctica deja mucho que desear, como advierte sin tapujos la Comisión Deontológica del Colegio Oficial de Enfermería de Barcelona8, entre otros.
Hay formas muy diversas de romper este derecho en un entorno sanitario, donde los cuerpos se desnudan para hacer exploraciones, aplicar tratamientos y en el quirófano. Muchas de esas exposiciones corporales se pueden limitar mucho. Pero no siempre se hace.
Sin embargo, existe una costumbre más cotidiana y aparentemente insignificante que altera ese derecho a la intimidad de los pacientes de una forma significativa.
Cualquier usuario del sistema público (quien esto subscribe, y quienes leen estas líneas), tiene la desagradable y frecuente experiencia de comprobar cómo el personal sanitario (usualmente enfermeras y auxiliares, aunque también otros profesionales) irrumpe inopinadamente en la habitación donde saben que está desnudándose, o vistiéndose, por ejemplo, sin llamar a la puerta; o, si llama, no espera la respuesta; entrando, en cualquier caso, sin pedir permiso. Algo que sucede también en las salas de exploraciones o de curas donde se sabe que el paciente está parcial o completamente desnudo. Son situaciones que nada tienen que ver con la necesaria presencia de este tipo de personal asistiendo al médico en exploraciones específicas o tratamientos concretos. Ni con las acciones de enfermería, o sus auxiliares, sobre el cuerpo expuesto de los pacientes. Es otra cosa. Sucede a diario, y tiene que ver tanto con la desnudez innecesaria, como con la innecesaria invasión de la intimidad. Subrayando la voz innecesaria. Es una costumbre que está generalizada en una amplia variedad de Servicios y especialidades.
Una acción que, además de deontológicamente recusable, constituye un delito contra la intimidad y la propia imagen, protegido por el artículo 18 de la Constitución Española (BOE número 311 de 29 de diciembre de 1978), por la Ley Orgánica 1/1982, de 5 de mayo, de protección civil del derecho al honor, a la intimidad personal y familiar y a la propia imagen (BOE número 115, de 14 de Mayo de 1982), y su penalización está tipificada en el Código Penal (Título X del Libro II, artículo 197.19.
La cuestión es grave. Y que sea denunciada ante los juzgados está al albur de que nos encontremos con un paciente especialmente querulante. Cuando es algo que deberíamos cuidar, de entrada, “de oficio”, como parte de nuestras rutinas diarias.
Es un problema cotidiano que aminora profundamente la calidad percibida de los pacientes y, por tanto, debería preocuparnos. Sobre todo porque su solución es bien sencilla. Basta con llamar educadamente a la puerta, siempre, pedir permiso para entrar, esperar la respuesta, y no entrar si esta es: “espere un momento” (Figura 1). El coste es cero euros.
Respetar la intimidad de los pacientes es tanto un derecho para ellos como una obligación para nosotros; y el respeto a esos derechos es una cuestión de calidad10.

REFERENCIAS.
1Illana F: La organización centrada en la satisfacción del paciente. Rev Calidad Asistencial 2003; 18(5):2 59-260
2Balint E: The possibilities of patient-centered medicine. J R Coll Gen Pract, 1969; 17(82): 269-276
3Sacristán JA: Medicina basada en la evidencia y medicina centrada en el paciente: algunas reflexiones sobre su integración. Rev Clin Esp. 2013; 213(9): 460-464
4Ministerio de Sanidad y Consumo. Instituto Nacional de la Salud. Subdirección General de Atención Hospitalaria: Plan de Humanización de la Asistencia Hospitalaria. Madrid. Centro de Publicaciones del Ministerio de Sanidad y Consumo. 1984
5Bermejo J: Humanizar la asistencia sanitaria. Bilbao. Descleer de Brouwer. 2014
6López Espuela F, Moreno Monforte ME, Pulido Maestre ML, Rodríguez Ramos M, Bermejo Serradilla B, Grande Gutiérrez J: La intimidad de los pacientes percibida por los profesionales de Enfermería. NURE Inv. [Revista en Internet] 2010 May-Jun. [consultado el 29/05/2018]; 7(46). Disponible en: http://www.fuden.es/FICHEROS_ADMINISTRADOR/ORIGINAL/orig_intimidad_46.pdf
7Stavropoulou A, Kaba E, Obamwonyi VA, Adeosun I, Rovithis M, Zidianakis Z: Defining nursing intimacy: Nurses’ perceptions of intimacy. Health Sci J. 2012; 6(3): 479-495
8Comisión Deontológica del Colegio Oficial de Enfermería de Barcelona: La ética de la intimidad: un reto para las enfermeras. Barcelona. Colegio Oficial de Enfermería de Barcelona. 2008
9García López A: Delitos contra la intimidad, el derecho a la propia imagen y la inviolabilidad del domicilio. AlfredoGarciaLopezAbogados. 2016  [consultado el 31/05/2018]. Disponible en: http://www.alfredogarcialopez.es/penal-4/
10Hernando P: Los derechos de los pacientes: una cuestión de calidad. Rev Calidad Asistencial. 2005; 20(6): 353-356

viernes, 6 de abril de 2018

A NADIE PARECE INTERESAR LAS DIFICULTADES MASCULINAS PARA PROPORCIONAR MUESTRAS DE SEMEN.






A nadie parece interesar las dificultades de los hombres al proporcionar semen para su análisis. Entender que se lo pasan bien y disfrutan, permite evitar pensar en ello y, por tanto, impide introducir procedimientos que mejoren el derecho a la intimidad que tienen estos sujetos.
El mundo sanitario tiene mucho que reflexionar sobre ello, en vez de mirar hacia otro lado con una ligera sonrisa, bajo la racionalización de que se trata de un análisis como otro cualquiera (ningún análisis, salvo este, exige a los sujetos masturbarse en público).

“Aspectos psicológicos de la recogida de semen en la reproducción asistida: ¿Dónde están los hombres? I.- Las actitudes del personal sanitario”. Psicologia.com [Internet]. 2016; 20. Disponible en: http://psiqu.com/1-5445
Puede obtener una copia gratis desde el siguiente enlace de descarga, o leyendo el código QR con su teléfono móvil:




“Aspectos psicológicos de la recogida de semen en la reproducción asistida: ¿Dónde están los hombres? y II.- La opinión de hombres y mujeres”. Psiquiatria.com [Internet] 2017; 21. Disponible en: http://psiqu.com/1-8493
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“Los sentimientos de los hombres mientras obtienen semen para analizar: Un amplio y sistemático estudio descriptivo”. Psiquiatria.com [Internet] 2017; 21.
Disponible en: http://psiqu.com/1-8494
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