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jueves, 9 de diciembre de 2021

¡¡Y AHORA GRATIS!!


Ya está disponible en formato PDF mi libro titulado "DÓNDE ESTÁN LOS HOMBRES" LOS GRANDES OLVIDADOS DE LA REPRODUCCIÓN ASISTIDA". ¡¡Y es gratis!! (sigue estándolo, igualmente, en formato papel)

Como señalo en otra parte, este libro da voz a los varones que deben aportar muestras de semen por diversas circunstancias clínicas, en el contexto de la humanización de la Medicina. Una voz que no se escucha, por lo que se ignora todo sobre sus problemas y dificultades en esas circunstancias.

Puede descargarse gratuitamente en formato PDF desde este enlace (sin virus).

Pero si se prefiere tenerlo en papel puede adquirirse desde este otro enlace (igualmente sin virus). Pero entonces ya no es gratis, por los gastos de impresión y trasporte.


 

sábado, 19 de septiembre de 2020

¿DÓNDE ESTÁN LOS HOMBRES? Los grandes olvidados de la Reproducción Asistida

 

¿DÓNDE ESTÁN LOS HOMBRES? Los grandes olvidados de la Reproducción Asistida


¡¡Y AHORA GRATIS!!

Está disponible gratuitamente, en formato PDF, mi libro  titulado "DÓNDE ESTÁN LOS HOMBRES" LOS GRANDES OLVIDADOS DE LA REPRODUCCIÓN ASISTIDA", que da voz a los varones que deben aportar muestras de semen por diversas circunstancias clínicas, en el contexto de la humanización de la Medicina. Sigue estándolo, igualmente, en formato papel.

Es un tema muy desconocido, tanto para el gran público como para el personal sanitario. Pocos saben lo que sienten los hombres cuando han de aportar semen por alguna situación clínica, porque nadie parece querer hablar de ello. Existe una intención en mantener ese silencio que queda muy bien reflejada en la frase "es lo único que tienen que hacer" y cierra toda opción para el diálogo. Nadie quiere conocer ni sus quejas ni las razones de las mismas. Por eso, ni ellos mismos saben si sus sentimientos de incomodidad y humillación son comunes en tales circunstancias. Porque ni sus mujeres ni el sistema sanitario conocen el verdadero alcance de ese sufrimiento, pese a que todos los hombres sometidos a esa experiencia coinciden en considerarla innecesariamente pública y sórdida tal y como se realiza ahora.

En este libro ellos podrán verse reflejados, por fin, y conocer hasta qué punto no son los únicos en sentirse de ese modo. Y sus mujeres comprenderán mucho mejor tanto sus reticencias como la tensión que la prueba les genera; con mayor empatía. Asimismo, la población general dejará de contemplar sus cuitas con la irónica indiferencia con la que lo hace actualmente. Y el mundo sanitario conocerá de primera mano algo que prefiere no ver: la agresión psicológica que les ocasionan al solicitar esas pruebas; y  comprenderán mejor la naturaleza de las reticencias y las dificultades de estos hombres a aportar semen por muy justificadas que parezcan las razones para hacerlo.

Este libro no sólo describe y denuncia los atentados contra la intimidad y la agresión psicológica que sufren estos hombres, también aporta algunas posibles soluciones, fáciles de implementar, dirigidas a aliviar el sufrimiento masculino durante la prueba. A la vez que responde a preguntas como:

¿La gestación subrogada y la "donación" de semen (gametos en general) son altruismo o explotación? ¿Lo es extraer semen de hombres muertos?

¿Estaría dispuesto el personal sanitario (tanto masculino como femenino) a ejecutar la acción que se solicita a esos hombres en sus mismas condiciones? ¿Lo estarían las compañeras de esos sujetos?¿Lo estarían quienes leen estás lineas? ¿De verdad se trata de un gesto sencillo, íntimo y placentero? ¿Realmente es una prueba como otra cualquiera?

El texto de este libro está muy bien informado (contiene 646 referencias), es de amena lectura y muy ilustrativo, tanto para los sanitarios (estén o no estén involucrados en estas técnicas) como para la población general.

Vale la pena leerlo y recomendarlo a familiares, amistades, colegas y potenciales pacientes.

Puede descargarse gratuitamente en PDF desde este enlace (sin virus)

Pero si se prefiere en formato papel ya no es gratis y puede adquirirse desde este otro enlace (igualmente sin virus).

 


lunes, 26 de septiembre de 2016

domingo, 11 de septiembre de 2016

MI SEMEN ES MIO


Durante los años sesenta y setenta hubo una conmoción social que sacudió más de un pilar sobre los que se asentaba la sociedad de entonces. La mujer conseguía una mayor libertad de decisión sobre cuestiones que atañían a su vida sexual y reproductiva bajo el lema “mi cuerpo es mío” o su equivalente “nosotras parimos, nosotras decidimos”. Así, se liberalizó el uso de los anticonceptivos femeninos hormonales. También hubo grupos que utilizaron el mismo eslogan para obtener la liberación del aborto.
Las técnicas de reproducción asistida han constituido también otra revolución al lograr que parejas con capacidad limitada para tener hijos puedan tenerlos. Gracias a ello se han perfeccionado las técnicas de conservación del semen en bancos específicos, donde acuden parejas para obtener donaciones heterólogas, así como mujeres solas, o parejas lesbianas en busca de inseminaciones sin la presencia física del varón. Todo un muestrario de logros inconcebibles hace tan solo cuarenta años.
Como otros avances sociales, éstos también tienen sus sombras.
Asistimos con cierta regularidad a la aparición de noticias acerca de mujeres llenas de coraje que solicitan (y a veces obtienen) ser inseminadas con el semen congelado de sus maridos fallecidos o en estado comatoso. Hace diez años una española intentó conseguirlo solicitando al forense que iba a practicar la autopsia de su marido muerto en accidente de automóvil que extirpara los testículos y los preservara con esa finalidad. Se le permitió, pero no pudo lograr sus fines porque las condiciones de la muestra seminal así recogida no eran las idóneas para realizar esa tarea. Más recientemente, otra Española ha conseguido que las autoridades francesas accedieran a autorizarle utilizar semen congelado de su esposo, en ese país, con la misma finalidad.
Estas son las sombras a las que me refería antes. La conciencia de tener derecho a disponer de su propio cuerpo y concebir cuándo y cómo le parezca hace que algunas mujeres atropellen los derechos de los hombres a elegir ser o no ser padres y las condiciones en la que puedan serlo. En este sentido, podrían resumirse tales derechos masculinos con un eslogan similar al anterior: “mi semen es mío” o “nosotros eyaculamos, nosotros decidimos (sobre nuestro semen)”.
No puede alegarse que el hombre, en estado de coma o fallecido, deseara tener hijos cuando depositó su semen en un banco, para forzarle a ser padre después. Aparte de que hemos de aceptar que las personas puedan cambiar de opinión, y a que es obvio que podría desear serlo en la situación previa a la donación, ¿qué certeza se tiene de que mantendría el mismo deseo de paternidad sabiendo que sus hijos tendrían un padre ausente por defunción o enfermedad irreversible? No pueden despreciarse los aspectos psicológicos masculinos de la reproducción que plantea esta cuestión. Y, sobre todo, ¿un hombre fallecido no tiene derecho a la integridad física de su cuerpo (cuestiones legales aparte como la realización de las autopsias o donación de órganos) y la ley la obligación de preservarlo y evitar mutilaciones o manipulaciones como la señalada más atrás?
Creo que esas mujeres, en su arrojo, olvidan que frente a su derecho a ser madres (o no serlo) también está el de los hombres con cuyo semen desean ser fecundadas; ya sean maridos, ex-maridos, estén vivos o sean difuntos. Nadie puede hacer padre a un hombre sin su consentimiento expreso declarado en el momento y en las circunstancias presentes, por muy intenso que sea el empuje del reloj biológico femenino. Yo puedo desear intensamente ser padre ahora, pero ¿desearía tener hijos huérfanos? Esos hijos ¿no tienen derecho a nacer con su progenitor vivo? Pienso que sería anticonstitucional actuar en sentido contrario.
Existe aquí una fuente de posibles abusos donde la legislación vigente depende exclusivamente de la interpretación de la ley que puedan hacer los jueces. Porque los hombres también tienen derecho a decidir sobre su cuerpo…, ¡y nadie más!